El bifaz es la herramienta más longeva de la historia de la humanidad. Utilizado durante más de un millón y medio de años por distintas especies de homínidos, este instrumento de piedra tallada por ambas caras fue la navaja suiza multiusos de la Prehistoria: con él se cortaba carne, se raspaban pieles, se trabajaba la madera, se machacaban huesos y se excavaba la tierra. Ningún otro utensilio creado por el ser humano ha tenido tanta utilidad ni ha vuelto a ser fabricado durante tanto tiempo. Desde luego, no será como nuestro móvil de última generación.
Pues existió (y existe), se trata de la bifaz, un tipo de hacha de piedra que fue la navaja suiza multiusos de heidelbergenses y neandertales, con la que cortaron, machacaron, rasparon pieles, maderas, huesos, etc.
Qué es un bifaz y para qué se usaba
El bifaz (etimológicamente, “dos caras”) es el primer instrumento configurado con una forma regular y repetida, sobre una gran lasca o bloque (normalmente entre 10 y 20 cm), mediante la talla controlada en dos caras. Aunque hay diversos tipos que se repiten, normalmente coincidiendo con áreas geográficas, casi todos ellos suelen estar tallados con forma ovalada y una punta queda bien destacada y afilada; los estudios sobre su uso (en este caso ampliamente desarrollados) relacionan a este útil con su empleo como herramienta de carnicería (el equivalente al cuchillo de carnicero actual); son habituales en muchos yacimientos peninsulares (Atapuerca, Terrazas del Manzanares, Tajo, Duero, Guadiana…), europeos (Saint Acheul, Francia; Boxgrove, Reino Unido), o africanos (Kokisalei o Peninj, en Tanzania), siendo mucho menos frecuentes en Asia (Bosse, China). Frecuentemente se asocian a grandes mamíferos cazados o carroñeados (elefantes, rinocerontes…). La eficacia y versatilidad del bifaz propició que se empleara durante más de un millón y medio de años por distintos homínidos, primero en África y luego en Asia y Europa. Probablemente ningún otro tipo de utensilio creado por el ser humano tenga tanta utilidad y vuelva a ser utilizado durante tanto tiempo.
Cronología del bifaz: de África al resto del mundo
Los bifaces más antiguos conocidos se encontraron en el yacimiento de Konso (Etiopía) y en Kokiselei (Kenia), con una antigüedad de unos 1,7 millones de años. En ese momento, los homínidos que los fabricaban eran probablemente Homo erectus o formas tempranas de Homo ergaster, en un periodo que los prehistoriadores denominan Achelense o Modo tecnológico 2 (en referencia al yacimiento francés de Saint-Acheul, donde se identificó por primera vez esta industria lítica en el siglo XIX). Desde África, el bifaz se expandió a Oriente Próximo (Ubeidiya, Israel, con 1,5 millones de años) y al subcontinente indio. Sin embargo, tardó en llegar a Europa: los bifaces más antiguos del continente no superan el millón de años y son excepcionales. La generalización del bifaz en Europa se produce a partir de hace unos 500.000 años, de la mano del Homo heidelbergensis. Un dato que llama poderosamente la atención es que los bifaces apenas se encuentran al este del meridiano 90°E, es decir, en el este y sureste de Asia. El arqueólogo Hallam L. Movius trazó en los años 40 una frontera imaginaria —la llamada Línea de Movius— que separaba las culturas con bifaces (África, Europa, Oriente Próximo, India) de las que seguían utilizando herramientas más simples del Modo 1 (China, Indochina, Indonesia). Las razones de esta división siguen siendo objeto de debate: ¿diferencias culturales entre grupos de homínidos?, ¿uso de materiales alternativos como el bambú en Asia oriental?, ¿migraciones anteriores a la invención del bifaz? La pregunta sigue abierta. El bifaz sobrevivió en Europa hasta bien entrado el Paleolítico Medio, reinventado por los neandertales en lo que se conoce como Musteriense de Tradición Achelense (MTA), antes de ser progresivamente sustituido por herramientas más especializadas a partir de hace unos 40.000 años con la llegada del Homo sapiens.
Quién fabricaba bifaces: las especies humanas detrás de la herramienta
Detrás de cada bifaz hay una mano humana, pero no siempre la misma especie. Los primeros bifaces africanos se atribuyen al Homo erectus o al Homo ergaster, hace 1,7 millones de años. En Europa, los grandes artesanos del bifaz fueron los Homo heidelbergensis, responsables de las espectaculares piezas del Achelense europeo entre hace 500.000 y 200.000 años. Los hallazgos de la Sierra de Atapuerca (Burgos) son el mejor ejemplo de su maestría. Los neandertales (Homo neanderthalensis) heredaron y reinventaron la tradición del bifaz durante el Paleolítico Medio, fabricando modelos más refinados y especializados como los bifaces cordiformes y triangulares del Musteriense. Fabricar un bifaz no era un acto mecánico: requería planificación, conocimiento del material, capacidad de abstracción y sentido de la simetría. Algunos investigadores ven en los bifaces más elaborados una manifestación temprana del sentido estético humano, lo que convierte a estas piezas no solo en herramientas sino en los primeros objetos “diseñados” de la historia. El caso más extraordinario es el del bifaz Excalibur, encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca junto a restos de al menos 28 individuos de Homo heidelbergensis. Se trata de un bifaz de cuarcita roja de una belleza excepcional que no presenta huellas de uso, lo que ha llevado a los investigadores a plantear que se trate de una ofrenda funeraria: la primera conocida de la historia de la humanidad, hace unos 400.000 años.
Cómo se fabricaba un bifaz
La fabricación de un bifaz seguía un proceso que requería destreza, planificación y conocimiento del material. El artesano prehistórico seleccionaba un nódulo de sílex, cuarcita u otra roca de fractura concoidea y lo iba desbastando mediante percusión: primero con un percutor duro (otra piedra) para darle la forma general, y después con un percutor blando (un trozo de asta de ciervo o madera dura) para los retoques más finos que afilaban los bordes y daban simetría a la pieza. El resultado era un instrumento sorprendentemente eficaz: simétrico, manejable, con un filo cortante en todo su perímetro y adaptable a múltiples tareas. Los bifaces tallados con percutor blando son piezas de una armonía tal que algunos investigadores, como Leroy-Gourhan, han visto en ellos la primera manifestación del sentido estético humano. Sus secciones son regulares y biconvexas, las aristas rectilíneas, y el ángulo del filo ronda los 30°, lo que indica un control técnico notable. Uno de los aspectos más fascinantes de la fabricación de bifaces es que, paradójicamente, era relativamente accesible. No requería un tipo de roca muy específico, admitía la improvisación y las correcciones sobre la marcha, y no exigía un aprendizaje excesivamente largo. Esa combinación de sencillez de fabricación y versatilidad funcional es probablemente la clave de su éxito durante más de un millón de años.
El bifaz en la Península Ibérica
La Península Ibérica es extraordinariamente rica en yacimientos con bifaces y alberga algunos de los más antiguos de Europa. En La Boella (Tarragona) se han encontrado bifaces de cerca de un millón de años. Cueva Negra (Murcia) tiene industria bifacial de unos 800.000 años. La Solana del Zamborino (Granada) ronda los 700.000. Y el yacimiento de Atapuerca (Burgos) ha proporcionado bifaces de gran calidad desde hace al menos 500.000 años, asociados al Homo heidelbergensis. En la Comunidad de Madrid, las terrazas fluviales del Manzanares y del Jarama han sido una fuente constante de hallazgos de industria lítica achelense desde el siglo XIX. El célebre yacimiento de San Isidro, en Madrid, fue uno de los primeros lugares de Europa donde se identificaron bifaces. Y el yacimiento de Arriaga, en Rivas Vaciamadrid, ha proporcionado piezas de una calidad excepcional, como el bifaz de sílex que se conserva en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid (MARPA).
El bifaz de Arriaga: una pieza del patrimonio madrileño
Esta pieza, conservada en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, es un bifaz de sílex procedente del madrileño yacimiento de Arriaga, en Rivas Vaciamadrid. Se trata de una copia fiel de la original certificada por Enrique Baquedano, Director del Museo Arqueológico Regional. Cronología: Pleistoceno medio final (hace unos 120.000 años). En nuestra tienda puedes adquirir una reproducción artesanal del bifaz de Arriaga, realizada en sílex y certificada por el propio museo. Una pieza del patrimonio arqueológico madrileño que puedes tener en tus manos.
Bifaces achelenses tallados a mano
También podréis adquirir auténticas bifaces de sílex y cuarcita, preciosas recreaciones talladas y pulidas a mano tal y como lo hacían nuestros ancestros hace miles de años, realizadas por los artistas de Arqueodidat. Las tenemos disponibles en tamaño grande, mediano y pequeño, en sílex blanco, cuarcita y cuarcita roja. Ven y te las enseñamos, ¡y no necesitan cargador!
Tipos de bifaces prehistóricos
Aunque todos los bifaces comparten la talla bifacial y la tendencia a la simetría, existen múltiples variantes que los prehistoriadores clasifican por su forma: lanceolados (alargados y apuntados, como el de Arriaga), cordiformes (con forma de corazón), ovalares, amigdaloides (forma de almendra), discoides (circulares), triangulares e incluso los llamados “dientes de tiburón” con bordes ligeramente cóncavos. En nuestra tienda también encontrarás una reproducción de bifaz triangular en resina, un modelo extraño y espectacular que se da entre el Achelense final (Paleolítico Inferior) y el Musteriense (Paleolítico Medio), vinculado tanto al Homo heidelbergensis como al Homo neanderthalensis. Cada tipo de bifaz responde a necesidades funcionales distintas, pero también a tradiciones culturales de talla que variaban entre regiones y épocas. Estudiar la forma de un bifaz es, en cierto modo, leer el “estilo” de quien lo fabricó hace cientos de miles de años. Fuentes: Arqueodidat y Museo Arqueológico Regional (M.A.R.)







