La azarosa historia del busto más hermoso de Atenea

Os contamos en este post como la más hermosa cabeza de la diosa Atenea, Minerva para los Romanos, llegó desde la Grecia clásica hasta Madrid.

Busto de Atenea/MinervaEl precioso busto de Atenea/Minerva del que hablamos es un vaciado en yeso realizado en los talleres de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de una estatua cuya historia se remontaría a la Grecia clásica del siglo IV antes de Cristo. Se la conoce como la Atenea o Minerva de Giustiniani porque la estatua original romana (copia a su vez de una estatua de Fideas), que actualmente puede disfrutarse en los Museos Vaticanos, estuvo largo tiempo en la colección de Vincenzo Giustiniani.

Un poco sobre la Diosa

La diosa Atenea, (del griego ático Ἀθήνα, transl. Athēnē, o Ἀθηναίη, Athēnaiē), también conocida como Palas Atenea (Παλλὰς Aθήνα), Minerva para los Romanos, ocupa en lugar de especial importancia en el panteón clásico debido a su papel como patrona de la ciudad de Atenas, sin duda la ciudad griega más importante de toda la Antigüedad desde el punto de vista político y, ante todo, cultural. Como protectora de los atenienses, esta diosa llevó su influencia y sus cultos por todo el Mediterráneo.

Atenea «Partenos» Es, además, una divinidad compleja y de múltiples facetas. Atenea es la diosa de la inteligencia y la reflexión, pero también de la guerra en algunas de sus facetas, y de determinadas actividades artesanales como el trabajo de la lana. Parece bastante evidente que la diosa Atenea cumple un papel de divinidad civilizadora que ayuda a los hombres a salir de la barbarie. En este sentido hay que entender su relación con el cultivo del olivo, el trabajo de la lana, las artes, así como su papel de consejera en la historia de numerosos héroes. Nacida de Zeus, de una forma un tanto curiosa.

Cuando Cronos el Titán fue destronado por su hijo Zeus, vaticinó que también el propio Zeus moriría a manos de uno de sus hijos. Por eso cuando Zeus supo que su primera mujer, Metis (la Inteligencia), una de las hijas del Océano, estaba embarazada se la tragó entera para evitar la profecía.

Entonces Zeus, empezó a sufrir terribles dolores de cabeza por lo que le pidió a Hefestos, al “manitas” dios de la fragua,  que le abriera el cráneo con un hacha del que surgió Atenea, ya adulta y completamente armada con la panoplia de Hoplita, casco, escudo y lanza. (Entendemos entonces por qué esa jaqueca no se le calmaba con una simple aspirina).

Sus atributos son el casco, la lanza y la «égida» en la que suele llevar grabada la cabeza de la Gorgona Medusa, para así petrificar a sus enemigos.

Se asocia con la lechuza (símbolo de la inteligencia) y el olivo.

Esta diosa sintió mucha admiración por mortales que mostraron dotes de dioses. Perseo cuya determinación se ganó el favor de la diosa y lo ayudó  a matar a Medusa . Heracles, cuyo coraje y valentía le hicieron con los dones y ayuda de la diosa en algunos de sus 12 trabajos. Odiseo, cuya naturaleza astuta y pérsicas le confirieron la ayuda de la diosa en múltiples ocasiones.

También se la relaciona con el arte de hilar y de tejer y en la procesión de las Grandes Panateneas las sacerdotisas le ofrecían un manto («peplo») en reconocimiento de su protección. De su habilidad como tejedora parte una de las historias más famosas sobre esta Diosa, su castigo a Aracne. Cuenta la leyenda que la joven era una hiladora muy habilidosa y estaba muy orgullosa de ello. Aracne decidió retar a Atenea a un concurso de hilar.

En la contienda Aracne representó a los dioses en su forma más burda y patética mientras Atenea los representó en su Máximo esplendor.

Como castigo por su ofensa, Atenea la convirtió en Araña, condenando a hilar durante toda la eternidad.

Jamás se casó o tuvo amoríos en ninguna ocasión, manteniendo así una virginidad perpetua. Por eso se le aplica el apelativo de Atenea «Partenos» (virgen), faceta en la que se le rinde culto en el Partenón de Atenas.

Esta condición le confirió un papel importante de ser la encargada de hacer cumplir la modestia sexual. Hefesto intentó violarla, pero este no pudo con la diosa guerrera y su semen terminó en la tierra, así nació Erictonio del cual Atenea cumpliría el papel de madre adoptiva.

Los yesos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

El Taller de Vaciados y Reproducciones Artísticas custodia importantes vaciados históricos en yeso utilizados como modelos clásicos en la formación de los artistas, entre los que figura este busto de Atenea que nos ocupa.

El Taller mantiene una tradición que se remonta a los primeros años de fundación de la Academia cuando se encontraba ubicada en la Real Casa de la Panadería en la Plaza Mayor de Madrid.

Desde sus orígenes en 1752 con el nombre de Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, esta institución tuvo especial interés en reunir una galería de esculturas en yeso, vaciadas de las más conocidas y apreciadas de la Antigüedad Clásica, que servirían para la formación de los alumnos.

Busto Atenea Giustiniani, vaciado originalSiguiendo las pautas de otras academias europeas, el escultor Juan Domingo Olivieri elaboró una lista de las principales obras que deberían adquirirse en Roma. Pretendía de este modo traer vaciados del Vaticano, donde los artistas admiraban y copiaban desde el siglo XVI las esculturas del Belvedere. Hizo igualmente una selección de las que deseaba adquirir en el Museo Capitolino.

Finalmente, elaboró una minuciosa lista de esculturas en los principales palacios de Roma y colecciones como la de los Ludovisi, los Borghese y otras familias que habían acumulado un importante número de obras antiguas.

Pero más a mano que los yesos romanos estaban los de las colecciones de Cristina de Suecia y el marqués del Carpio, que habían sido adquiridas apenas unos años antes por Felipe V e Isabel de Farnesio para decorar su palacio en la Granja de San Ildefonso. De este modo llegaron a la Academia de San Fernando, en su antigua sede de la Casa de la Panadería, el Fauno del cabrito y el Grupo de San Ildefonso, que se consideraban las dos obras maestras de la colección real en aquél momento.

Paralelamente consiguen los profesores de la Academia de San Fernando que el rey les ceda los vaciados de yeso que casi un siglo antes había traído de Italia el pintor de cámara Diego Velázquez. De este modo se incorporan a lo que va a ser poco a poco una importante colección obras como el Hércules Farnese  y la Flora Farnese, junto a otras que fueron restauradas por el escultor Felipe de Castro.

Pero la gran aportación a la galería de vaciados de la Real Academia de Bellas Artes ocurre en las últimas décadas del siglo XVIII. En 1776 el rey Carlos III regala, después de una visita al nuevo edificio, los vaciados de un importante número de esculturas de Pompeya y Herculano, que hacía poco más de diez años le habían mandado de Nápoles y tenía instaladas en el Palacio del Buen Retiro. Pocos años más tarde el pintor Anton Raphael Mengs, cuyas relaciones con la Academia, a la que había pertenecido, fueron algo más que tensas, legó al rey una gran parte de la notable colección de vaciados que llegó a formar en Roma a lo largo de muchos años. Finalmente, la desaparición de la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro, a comienzos del siglo XIX, motivó el traslado de la galería de esculturas que había en lo que llamaban “Fábrica de la China”, para incrementar los fondos de la Academia.

A lo largo del siglo XIX proliferan en Europa los museos de vaciados y reproducciones. De este modo se dieron a conocer en Madrid los mármoles del Partenón que había llevado a Londres Lord Elgin. Las esculturas halladas en excavaciones como las alemanas de Olimpia y las francesas de Delfos vinieron a sumarse, más tarde, a una galería que ya entonces figuraba entre las más importantes de Europa.

La creación del Museo de Reproducciones Artísticas, estrechamente vinculado en su vida y en su actividad desde sus orígenes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, incrementó de manera notable la colección de vaciados mediante compras en los principales museos del mundo.

Simultáneamente se hicieron intensas campañas de reproducción por toda España incluyendo vaciados de elementos arquitectónicos y fachadas que hoy tienen, además, un enorme valor documental.

Junto a lo que significaba crear una colección especialmente concebida para la enseñanza, la Academia de San Fernando desarrolló a lo largo de toda su historia una actividad de reproducción de sus propios vaciados, bien para reponer los que se deterioraban, como para suministrar yesos a otros centros de estudio que nacían a su amparo. La Academia de San Carlos en Valencia, la de igual nombre en México, la Academia de Bellas Artes de Sevilla y todas las Escuelas de Bellas Artes y Escuelas de Artes y Oficios que se fundaron en España durante los siglos XIX y XX, se sirvieron del taller de vaciados que formó y mantuvo desde su fundación la Academia de San Fernando. Trabajaron en este taller formadores ilustres que mantuvieron durante muchas generaciones una tradición y un prestigio del que hoy es heredera y continuadora.

En algunos casos se trata de obras realizadas a partir de moldes de cerca de un siglo de antigüedad. En otros se ofrece la posibilidad de realizarlos con materiales sintéticos y resinas. En todo caso son siempre las esculturas que durante dos siglos y medio dibujaron y reprodujeron generaciones de artistas en nuestro país.

ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO, TALLER DE VACIADOS Y REPRODUCCIONES ARTÍSTICAS. C/ ALCALÁ, Nº 13 TL F915240908 28014 MADRID

Fuente: José María Luzón Nogué

La historia de la Atenea Giustiniani

La estatua de Atenea, cuyo busto se recrea en este vaciado, fue encontrada en unas excavaciones en el monte Esquilino, una de las siete colinas de Roma, y se supone que es una copia de una estatua de Fidias. Admirablemente conservado, está esculpido en el mejor mármol de Paros o Paria.

El Mármol pario o mármol de Paros es un tipo de mármol de grano fino, semitranslúcido y de un color blanco puro que se extraía del monte Parpessa en la isla griega de Paros durante la época clásica helena, en la antigüedad. Era un mármol muy apreciado y valorado para realizar esculturas. Algunas de las más grandes obras escultóricas antiguas griegas fueron talladas con este tipo de mármol, como la Venus de Médici, la Victoria de Samotracia o el Hermes de Praxíteles. Las canteras primigenias de las que se extrajeron los bloques de mármol pueden aún ser vistas en la parte norte de la isla, en las cuestas de su pico central. De ellas se extrajo mármol desde fechas tan lejanas como el siglo VI a. C.

Para las tejas del Partenón (Acrópolis de Atenas) se utilizó mármol de Paros, mientras que el resto del edificio se construyó en mármol pentélico.

Ya en el siglo XIX, se eligió el mármol de Paros para la tumba de Napoleón en los Inválidos (París).

Volviendo a la estatua de la diosa, el templo en el que se encontró, fue descubierto a principios del siglo XVII, en las  ruinas de lo  que en principio se identificó erróneamente (a causa precisamente de esta estatua) como un  templo de Minerva Medica.

El llamado Templo de Minerva Médica está situado en la Vía Giolitti, en el barrio del Esquilino. Se trata de un edificio con una imponente cúpula visible fácilmente desde los trenes que entran y salen de la estación de Términi. Probablemente se remonta a comienzos del siglo IV y, actualmente, se halla junto a las vías del ferrocarril y las diferentes edificaciones construidas en el siglo XIX en el Esquilino.

Templo de Minerva Médica  Curiosamente, a pesar de llamarse templo, no es tal, sino que durante mucho tiempo se creyó que sí lo era y ya se quedó con dicho nombre. En realidad se trata de una enorme sala de una monumental casa de campo de lujo que se encontraba a las afueras de Roma. Hasta mediados del XVI, se pensaba que había sido propiedad de Cayo y Lucio Cesari, hijos adoptivos de Augusto.

Precisamente fue un siglo más tarde, en el XVII, cuando se cayó en la confusión de confundirlo con un templo. El motivo fue encontrar en él durante unas excavaciones la estatua de la diosa Minerva con una serpiente en los pies cuyo busto nos ocupa y que actualmente se conserva en los Museo Vaticanos. Junto a esta estatua fueron halladas otras piezas menores, por lo que se consideró que este edificio había sido un antiguo templo dedicado a Minerva.

El templo es de planta central decagonal y, lo más probable, es que se tratara de un ninfeo, aunque también se ha mencionado la posibilidad de que fuera un edificio con carácter termal. Lo que sí se sabe con certeza es que formaba parte de un complejo de edificios, tal vez de propiedad imperial, en donde se realizaban diferentes representaciones. Desde el siglo V, y como consecuencia de la despoblación completa de la zona del Esquilino, permaneció en un estado de total abandono. Hoy en día, a pesar de las restauraciones llevadas a cabo en 1942 y 1967, se halla realmente en muy malas condiciones.

Continuando con la azarosa historia de la estatua de Atenea/Minerva, en base a su estilo y calidad, ya en el siglo XIX, se la considero como copia de una estatua de Pheidias (Fidias), y fue incluida entre los moldes de estuco que representaban la gran escultura de Europa que formaba parte del pabellón alemán en la Louisiana Purchase Exposition, St. Louis, 1904.

La estatua recibe su nombre por haber estado en la colección de Vincenzo Giustiniani en el Palazzo Giustiniani. Esta colección fue lujosamente grabada y publicada como la Galleria Giustiniana (Roma, 1631).

Aparentemente, la escultura nunca se copió durante el tiempo que estuvo en la colección de Giustiniani: Winckelmann nunca la mencionó, aunque el austero estilo clásico que exhibe fue identificado y descrito por él.

Estatua Atena Giustiniani, VaticanoHacia finales de siglo se había convertido en un objeto de admiración especialmente entre los visitantes británicos: un guardia de los Giustiniani le dijo a Goethe, que la mano restaurada era más blanca que el resto de la estatua por los reiterados besos de los admiradores ingleses.

La Minerva Giustiniani, escapó al destino del resto de la colección Giustiniani, que había sido “trasladada” en 1807 durante la ocupación napoleónica de Roma hacia París, donde la colección se disgrego. En 1815, todo lo que quedaba de ella, en particular unas 170 pinturas, fue comprada por Federico Guillermo III de Prusia y trasladada a Berlín, donde formó una parte del museo real.

La estatua de Atenea/Minierva, sin embargo, nunca abandono Roma. Por suerte había sido comprada por Lucien Bonaparte en 1805, y se instaló en la gran sala de su residencia romana, el Palazzo Núñez.

En 1817, lo vendió al Papa Pío VII, que estaba encargando el Braccio Nuovo de los Museos Vaticanos. Cuando se abrió el Braccio Nuovo en 1822, la escultura se instaló tal como puede contemplarse hoy en día.

En algún momento de este periplo, los enviados de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, realizaron el vaciado en yeso del hermoso busto de la estatua, que es el que, gracias a ellos, tenemos la suerte de disfrutar plena de su grandeza y belleza en nuestra tienda.

Puedes venir a verla o adquirirla on-line en nuestra web

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