Los tiempos fabulados: arqueología y vanguardia en el arte español, 1900-2000

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Los tiempos fabulados. Arqueología y vanguardia en el arte español, 1900-2000 es el catálogo de la exposición del mismo nombre que recoge cinco ensayos de especialistas en el tema de la exposición, es decir las relaciones entre arqueología y arte contemporáneo español del siglo XX, y una selección de las piezas expuestas.

Bellamente editado y con múltiples laminas y fotografías, Los tiempos fabulados. Arqueología y vanguardia en el arte español, 1900-2000, muestra un total de 61 piezas pertenecientes al Museo Reina Sofía de artistas de la talla de Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Pablo Picasso, Josep Fin, Will Faber, Sergio Belinchón, Antonio Saura, Martín Chirino, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Guillermo Pérez Villalta, Miquel Barceló, Godofredo Ortega Muñoz o Benjamín Palencia, entre otros.

Año de publicación: 2007

Nº de páginas: 249
Editorial: M.A.R. / Comunidad de Madrid
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 978 – 84 – 451 – 2971 – 5

 

Descripción

Los tiempos fabulados. Arqueología y vanguardia en el arte español, 1900-2000 es el catálogo de la exposición del mismo nombre que recoge cinco ensayos de especialistas en el tema de la exposición, es decir las relaciones entre arqueología y arte contemporáneo español del siglo XX, y una selección de las piezas expuestas.

Bellamente editado y con múltiples laminas y fotografías, Los tiempos fabulados. Arqueología y vanguardia en el arte español, 1900-2000, muestra un total de 61 piezas pertenecientes al Museo Reina Sofía de artistas de la talla de Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Pablo Picasso, Josep Fin, Will Faber, Sergio Belinchón, Antonio Saura, Martín Chirino, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Guillermo Pérez Villalta, Miquel Barceló, Godofredo Ortega Muñoz o Benjamín Palencia, entre otros.

Los tiempos fabulados. Arqueología y Vanguardia en el arte, la exposición:

Esta exposición, cuyas obras procedían íntegramente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, quiso dar cuenta del poder de inspiración que el arte del siglo XX encontró en la arqueología.

Estos materiales sirvieron para alimentar el deseo de evasión a países remotos y el ensueño fantástico de lugares imaginarios, tal y como se había hecho característico de los creadores europeos tras el Romanticismo.

Sería, sin embargo, el arte de la Vanguardia del siglo XX el que con mayor asiduidad y pasión vendría a beber en la fuente de inspiración arqueológica. Reflejados en esa agua pura, los artistas del movimiento cubista iniciaron un viaje en pos del origen perdido, la sencillez y la fuerza enterradas bajo los que, para ellos, habían sido siglos de cultura decadente. Se trataba, pues, de tomar impulso en un remoto y quizá imaginario pasado para alcanzar, más allá del horizonte, un futuro utópico también.

Como fórmula de estilo, el primitivismo arqueológico tuvo en España sus momentos de mayor apogeo durante los años treinta y los años cincuenta. Alberto Sánchez o Benjamín Palencia acudieron al Museo Arqueológico Nacional prolongando así las visitas que Picasso había hecho al Trocadero, en París, muchos años antes, para sentir la influencia de «la escuela del Congo» o  «las formas de Oceanía».

Arqueologismo y exotismo comparten, pues, desde su raíz, su intención revolucionaria. Pero algunos artistas como Picasso mismo, Julio González o Joaquín Torres-García vienen a indicarnos que esa inspiración arqueológica también incluyó entre sus variantes la del rescate de las propias formas clásicas.

La continuidad del espíritu de la Vanguardia en los años cuarenta y cincuenta fue propiciada por la activa y diversa personalidad de artistas como Ángel Ferrant, cuyas formas evocativas apenas dejaron forma histórica o prehistórica intocada, pero casi siempre en clave arqueológica.

«Escuela de Altamira» o «Los nuevos prehistóricos» fueron asimismo denominaciones de círculos y grupos que muestran el gran filón imaginario que los artistas de los años cincuenta encontraron en los yacimientos del pasado lejano,  y sus infinitas posibilidades creativas en manos de la fábula y la fantasía.

Unidades expositivas:

Dichosa edad: Recogía obras y autores afines al clasicismo que las propias Vanguardias ya habían repudiado pero cuyo máximo intérprete fue, en el regreso de sus formas en España, Eugenio D´Ors.

Los signos solitarios: Reunía ejemplos de la tendencia abstracta a la que dio pie, sobre todo en los años cincuenta, la simulación de signos, símbolos y escrituras arcaicos cuyo sentido, ya perdido, se abría ahora a la libre fabulación de los artistas. Entre ellos, los más célebres como Millares o Saura fueron asiduos visitantes de los territorios de la fantasía arqueológica y esa poesía visionaria tuvo su intérprete en el crítico, afín al grupo Dau al Set, Juan-Eduardo Cirlot.

Las Atlántidas: El misterio de lo enterrado en la profundidad, sea la de la historia o la de la tierra, servía en esta sección -con título de un libro de Ortega y Gasset- para mostrar obras y autores de momentos muy diferentes, reunidos en torno a la inspiración apócrifa de Los tiempos fabulados. Entre ellos destacan autores  de las últimas décadas del siglo XX como Miquel Barceló, Guillermo Pérez Villalta o, el más reciente ejemplo, Sergio Belinchón.

 

Catálogo:

Dirección: Enrique Baquedano.

Autor: Andrés Ruiz, Enrique

Otros autores: Juan Manuel Bonet, Carmen Fernández Aparicio, Enrique Granell,  María Bolaños y Eloisa Ferrari Lozano.

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Información adicional

Peso 1540 g
Dimensiones 24.5 × 27 cm
Nº de páginas

249

Encuadernación

Tapa dura

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