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COLGANTE MONEDA DE LA EMPERATRIZ JULIA DOMNA

33,25 IVA Incluido

COLGANTE MONEDA EMPERATRIZ JULIA DOMNA

Colgante moneda con la replica en plata de ley de un denario original de la emperatriz Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo (193-211 d.C.).

Este colgante es una pieza exclusiva que reproduce un denario original con la efigie de la emperatriz Julia Domna. La moneda, como el denario original esta realizada en plata de ley y cordón en cuero negro. La moneda original fue acuñada en Emesa o Laodiceia.

Tamaño moneda: 1 x 1 cm.

Material: plata de ley y cordón de cuero negro

Peso: 2,70 gr.

5 disponibles

Descripción

COLGANTE MONEDA EMPERATRIZ JULIA DOMNA

Colgante moneda con la replica en plata de ley de un denario original de la emperatriz Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo (193-211 d.C.).

Este colgante es una pieza exclusiva que reproduce un denario original con la efigie de la emperatriz Julia Domna. La moneda, como el denario original esta realizada en plata de ley y cordón en cuero negro. La moneda original fue acuñada en Emesa o Laodiceia.

Colgante con la replica en plata de ley de un denario original de la emperatriz Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo (193-211 d.C.).

En el anverso de la moneda puede verse la imagen de la efigie de la emperatriz Julia Domna mirando a la derecha con la leyenda: IVLIA DO-MNA AVG (JULIA DOMNA AUGUSTA)

En el reverso aparece la imagen alegórica de la diosa Fortuna portando una cornucopia o cuerno de la abundancia. La leyenda es: FORT AVG (Fortuna Augusta).

Se trata de ligar propagandísticamente la imagen de la emperatriz y del emperador a la suerte y prosperidad del imperio.

La replica de este colgante moneda, es exclusiva y realizada con la técnica de la era perdida sobre el denario original, el cual es uno de los denarios en los que la imagen de la emperatriz aparece retratada con mayor maestría y precisión. La buena conservación de la pieza original hace de la réplica una joya única e irrepetible de la que se ha hecho una tirada limitada.

Comparación de la replica con la moneda original, anverso.

Comparación de la replica con la moneda original, anverso.

Comparación de la replica con la moneda original, reverso.

Comparación de la replica con la moneda original, reverso.

La emperatriz Julia Domna.

Fuente: Mujeres en la Historia

Cuando Roma estaba a punto de sumergirse en una profunda y larga crisis política y económica, una serie de mujeres provenientes del lado oriental del imperio ascendieron a lo más alto del poder. En su papel de emperatrices, dieron un carácter y estilo diferentes a la familia imperial. La primera de ellas, Julia Domna, no sólo asesoró políticamente a su marido y después a su hijo, sino que dotó a la corte de una atmósfera filosófica e intelectual totalmente distinta a la vivida hasta el momento. Fue tal su esplendor que aquel período de la historia de Roma sería conocido como la edad de los Severos y de las mujeres sirias.

La primera emperatriz siria

Julia Domna, cuyo nombre original era Martha (Domna era la transcripción latina de su significado, “señora”) nació en Emesa, la actual Homs, en Siria, el año 170. Hacía pocos años que su ciudad natal pertenecía al imperio en calidad de capital autónoma de una dinastía hereditaria. Su padre, Julio Bassiano, era el sumo sacerdote de la divinidad solar siria Baal.

Cuando Julia tenía 15 años, se fijó en ella Septimio Severo. El que sería el primer emperador de la dinastía severa era entonces gobernador de la Galia Lugdunensis. En aquel momento se encontraba en la provincia siria comandando una legión. Septimio tenía entonces unos 40 años, estaba viudo y tenía dos hijas. El año 187 se casó con ella.

Cuando Julia marchó de sus lejanas tierras orientales para instalarse en la capital del imperio, no lo hizo sola. Su hermana, Julia Mesa, la acompañaba.

La madre del imperio

Julia y Septimio tuvieron dos hijos, en 186 o 188, Lucio Septimo Bassiano (conocido como Marco Aurelio Antonino Caracalla) y Publio Septimio Geta en 189.

Cuando en el año 193 Septimio Severo fue proclamado emperador, Julia Domna recibió el título de Augusta. Tras este título, siguieron otros como el de Madre de los Augustos, Madre de la Patria y Madre del Senado, convirtiéndose así en la emperatriz romana con más poder de la historia.

El año 196 recibiría también el título de Mater Castrorum por su presencia en los campamentos de las legiones que comandaba el emperador. Y es que Julia estuvo siempre al lado de Septimio asesorando y ayudando al emperador en las tareas del gobierno.

Pero como ya sucediera con Aspasia más de seis siglos atrás, la emperatriz se ganó la antipatía de muchos hombres de gobierno, entre ellos su principal enemigo, el prefecto del pretorio, Cayo Fulvio Plauciano. Plauciano no dudó en llegar a acusar a Julia ante su marido de adulterio y, aunque Septimio hizo oídos sordos a las acusaciones, el poder de su esposa se vivió mermado sustancialmente.

La filósofa

Fue ese el momento en el que la emperatriz se refugió en sus estudios espirituales y filosóficos. Julia hizo gala de sus grandes conocimientos de los sofistas y se rodeó de hombres cultos, eruditos, matemáticos, poéticas y médicos, destacando entre ellos nombres propios como el de Filóstrato o Galeno.

Julia fue conocida como la emperatriz filósofa y, de nuevo se le llegaron a encontrar grandes similitudes con la erudita Aspasia.

La triste descendencia

Su exilio filosófico terminó el año 205 cuando murió Plauciano. Desde entonces hasta la desaparición de Septimio en 211 en Britania, Julia volvió a colaborar en los asuntos del estado.

Muerto el emperador, fue sustituido por su hijo Caracalla. Empezó entonces un terrible enfrentamiento entre este y su hermano Geta quien terminó sus días asesinado por el mismo Caracalla y en el regazo de su angustiada madre.

Pero a diferencia de otras emperatrices madre como Agripina la Menor, enfrentada abiertamente con su hijo Nerón, Julia se tragó sus lágrimas y permaneció al lado de su hijo con el que volvió a gobernar el imperio ganándose la estima y aprobación de muchos.

El fin de la gloria

Cuando en 217 murió Caracalla, Julia Domna murió también como emperatriz. La madre del imperio decidió entonces que no tenía fuerzas físicas ni morales para seguir luchando contra todos los detractores que habían surgido alrededor del gobierno de su hijo. Un tumor en el pecho ayudó a reducir el tiempo de espera de la muerte. Aunque puede que se intentara suicidar, lo cierto es que murió de inanición por propia voluntad.

Su cuerpo regresaría a Roma para descansar eternamente al lado de Septimio Severo en el Mausoleo de los Antoninos.

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