Placa de hueso de Bencarrón (Hispanic Society of America)

20,00 IVA Incluido

Reproducción en broche de la placa de hueso de Bencarrón, perteneciente hoy a la colección de la Hispanic Society of America. Considerada una de las piezas más conocidas de todo el conjunto de marfiles de Carmona (Sevilla), está relativamente bien conservada y presenta decoración por una sola de sus caras. El tema central lo constituye la figura de un guerrero portando un escudo y en posición de arrojar su lanza. Con una rodilla hincada en el suelo, viste una corta túnica ceñida por un cinturón, cuyos pliegues se representan mediante líneas verticales onduladas. A derecha e izquierda del personaje central aparecen un león y un grifo afrontados, posando sus extremidades sobre el casco y la espalda del guerrero. La efigie de estos animales es la característica de todos los paneles de Bencerrón.

Tamaño: 6,4 x 2,5 cm.
Material: Resina sintética.

12 disponibles

Descripción

PLACA DE HUESO DE BENCARRÓN

Es ésta una de las piezas más conocidas de todo el conjunto de marfiles de Carmona. Relativamente bien conservada, presenta decoración por una sola de sus caras. El tema central lo constituye la figura de un guerrero portando un escudo y en posición de arrojar su lanza. Con una rodilla hincada en el suelo, viste una corta túnica ceñida por un cinturón, cuyos pliegues se representan mediante líneas verticales onduladas. Los rasgos de la cara son muy pronunciados, tal como se advierte en la forma del ojo, grande y oblicuo, la barba puntiaguda y la nariz prominente. Lleva la clásica peluca de estilo egiptizante y porta un casco de pelo, de larga cimera. A sus pies aparece un motivo floral, en forma de flor de papiro. Uno de los detalles que más han llamado la atención en esta figura es la incongruencia que supone la posición de la lanza, que queda interrumpida por delante del personaje, y la forma del escudo, representado por su anverso. A derecha e izquierda del personaje central aparecen un león y un grifo afrontados, posando sus extremidades sobre el casco y la espalda del guerrero. La efigie de estos animales es la característica de todos los paneles de Bencerrón.

Características de la pieza original:

Placa rectangular. Alt. 4,9 cm.; long. 12,7 cm.; grosor 0,2 cm.
Hispanic Society of America, D. 513.

 

BENCARRÓN

La necrópolis

Este importante yacimiento se encuentra situado en la región de Los Aleores de Carmona, entre el término de Alcalá de Guadaira y el de Mairena del Aleor (Sevilla). La necrópolis se localiza a poca distancia, en dirección norte, de la Mesa de Gandul y se halla enclavada sobre una pequeña elevación llamada Bencarrón.

El grupo de veinte túmulos que formó en su día la necrópolis se situaba en lo alto de Bencarrón y presentaba una altura de uno a cuatro metros. Bonsor realizó excavaciones en este lugar entre los años 1885 y 1889 o en 1893-1894, cuyos resultados conocemos muy superficialmente a través de su monografía sobre Los Aleores, publicada en 1899. Sabemos, sin embargo, que con anterioridad el propietario del terreno, F. Menéndez, había explorado doce túmulos funerarios y que en 1902-1903 y en 1908-1911, el propio Bonsor practicó nuevas excavaciones, cuyos resultados no se llegaron a publicar. Añadamos a todo ello el hecho de que Bonsor publicó sólo una mínima parte de lo que excavó en Los Aleores, lo que imposibilita muchas veces reconstruir la estructura y contenido de los numerosos túmulos funerarios que exploró. En el caso particular de Bencarrón, ni siquiera conocemos con exactitud en qué fecha excavó los túmulos que proporcionaron el importante lote de marfiles publicado en 1899. Bonsor nos describe dos tipos de túmulos en el yacimiento: un grupo de pequeños túmulos, de los que excavó un total de seis, y que contenían incineraciones simples, y los túmulos mayores, de los que se mencionan tres, situados en la parte más elevada y visible del cerro.

De los túmulos de mayor tamaño, Bonsor excavó dos, uno conteniendo una sepultura de incineración y el otro una inhumación. El primero cubría una cista de inhumación colectiva. Los diez esqueletos hallados en ella aparecieron en posición encogida e iban acompañados, en su mayor parte, de un cuenco semiesférico de cerámica a mano depositado junto a la cabeza. Otros elementos del ajuar funerario lo constituían una olla con asas de apéndice, un brazalete abierto de cobre, cuentas dé collar de concha, piedra y hueso; láminas de sílex y una espiral de cobre. Por la descripción que nos· ha llegado de esta interesante sepultura, es evidente que no es tarea fácil establecer su adscripción cultural, si bien los materiales del ajuar funerario sugieren que se trata de un conjunto del Bronce pleno.

El segundo de los túmulos mayores excavados por Bonsor, situado junto al precedente, cubría una fosa rectangular cavada en la roca y situada en el centro del monumento y cubierta por una gran losa de piedra. La fosa contenía las cenizas de una incineración, mezcladas con un anillo de bronce y seis placas de marfil, que corresponden a los n.º B. 1-6 de nuestro catálogos. El interés de esta sepultura reside no sólo en el hallazgo de los marfiles, sino en la estructura interna de la fosa funeraria, que presentaba unos elementos arquitectónicos poco conocidos entre las necrópolis tartésicas del período Orientalizante, fase a la que sin duda debe adscribirse este túmulo. Efectivamente, la fosa de incineración, de 0,65 m. de profundidad y con unas dimensiones de 1 X 0,50 m., conservaba en las paredes, cavadas en la roca, un enlucido formado por una capa fina de arcilla, sobre la que se había aplicado un recubrimiento de cal. La existencia de fosas funerarias con las paredes enlucidas o encaladas resulta un fenómeno totalmente insólito en las necrópolis tartésicas y únicamente tenemos noticia de una estructura similar en el túmulo de Mazagoso, situado a pocos kilómetros al este de Carmona. En este lugar el mismo Bonsor descubrió en 1896 una cista cavada en el suelo, provista de losa de cobertura, que contenía una incineración y que presentaba las paredes alisadas mediante un revoque de cal, sobre el que todavía se conservaban restos de decoración pintada de líneas negras sobre un fondo de color rojo.

En la descripción del grupo de pequeños túmulos de incineración de Bencarrón, Bonsor no resulta demasiado explícito. Este autor dice haber explorado seis de ellos, que contenían incineraciones sin urna y ajuares compuestos por cerámica a mano, herramientas de hierro y plomo, un hacha de piedra pulimentada, láminas de sílex, un broche de cinturón de bronce y «fragmentos de tablillas de marfil y restos de conchas», que presentaban los «mismos motivos grabados » que otros marfiles de Los Alcores.7 Parece probable que los fragmentos incisos n.º B. 7-B. 13 de nuestro catálogo correspondan a los ajuares de estas incineraciones. Refiere Bonsor que el túmulo mejor conservado de este grupo medía un metro de altura y su fosa de incineración contenía un broche de cinturón de bronce, un vaso de boca muy ancha, restos de una tablilla de marfil,’ una cuenta cilíndrica de marfil, restos de cobre y huesos de ave.8 Ignoramos la forma y tipo de la tablilla de marfil que describe Bonsor entre los hallazgos, si bien cabe relacionar la cuenta cilíndrica de marfil con el ejemplar B. 24 de nuestro catálogo.

Es evidente que de la obra de Bonsor podemos inferir muy pocos datos acerca del contexto cultural del que proceden los marfiles. No obstante, las pocas referencias de que disponemos acerca de la necrópolis de Bencarrón hacen suponer que sobre esta pequeña colina existieron sepulturas del Bronce pleno y, acaso, final, junto a incineraciones del período Orientalizante.

En cuanto a la cronología de las sepulturas que proporcionaron hallazgos de marfiles, los ajuares funerarios descritos por Bonsor nos dicen por desgracia bien poco. Apenas hay referencias acerca de la cerámica, si bien los objetos metálicos, tales como los broches de cinturón, sugieren un contexto cultural afín al de otras necrópolis tartésicas de los siglos VII y VI a. C. Por otra parte, en la colección Bonsor de Mairena del Alcor se conservan algunos materiales de Bencarrón, entre los que cabe destacar una fíbula de bronce, del tipo de pie alto, resorte en forma de ballesta y arco en forma de laurel, muy parecida a la célebre fíbula de plata del túmulo G del Acebuchal. Por sus características, esta fíbula, sin procedencia conocida en Bencarrón, ha sido considerada como perteneciente a un tipo intermedio o de transición entre la fíbula de doble resorte arcaica y la fíbula de Acebuchal y se fecharía a finales del siglo VII a. C.

Poco más podemos añadir a lo dicho acerca de esta necrópolis. En cuanto al poblado correspondiente, todo parece indicar que el hábitat estuvo situado en la vecina Mesa de Gandul, uno de los asentamientos más importante sin duda de toda la región de Los Alcores.

Fuente: MARFILES FENICIOS DEL BAJO GUADALQUIVIR (y III): BENCARRÚN, SANTA LUCÍA Y SETEFILLA
M. E. AUBET

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Información adicional

Peso 13 g
Dimensiones 6.4 x 2.5 cm
Material

Resina sintética

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